
Hay frases que aprendemos a decir casi sin pensar. “No pasa nada”. “Estoy bien”. “No es para tanto”. “Podría estar peor”. “Ya se me pasará”.
Las pronunciamos cuando alguien nos pregunta cómo estamos, cuando algo nos duele, cuando una situación nos supera o incluso cuando sentimos que nuestras emociones están ocupando demasiado espacio.
Y, a veces, realmente no pasa nada.
Pero otras veces sí pasa.
Solo que todavía no sabemos cómo decirlo.
Como psicóloga en Viladecans, una de las situaciones que encuentro con frecuencia en consulta es precisamente esta: personas que llevan mucho tiempo intentando convencerse de que están bien cuando, en realidad, llevan semanas, meses o incluso años sintiendo que algo dentro de ellas pide atención.
No siempre necesitamos estar al límite para reconocer que algo nos pasa.
A veces, basta con escuchar ese pequeño malestar que aparece cuando todo aparentemente está bien.
“No pasa nada” también puede ser una forma de protegernos
Cuando digo esto en consulta, no lo hago desde el juicio.
Decir “no pasa nada” puede ser una manera de protegernos. Quizá hemos aprendido que mostrar tristeza es ser débiles. Que enfadarnos puede generar conflictos. Que pedir ayuda molesta. Que hablar demasiado de lo que sentimos puede incomodar a otras personas.
También podemos haber crecido escuchando frases como:
“Sé fuerte”.
“No llores”.
“Tienes que aprender a gestionar tus emociones”.
“Hay gente que está peor”.
“Deja de darle vueltas”.
Y poco a poco aprendemos a guardar lo que sentimos en un lugar muy profundo.
Hasta que un día ese lugar se queda pequeño.
Desde mi experiencia como psicóloga Viladecans, la expresión de emociones es una cuestión que aparece continuamente en terapia: no porque las personas no tengan emociones, sino porque muchas veces no han encontrado un espacio seguro para reconocerlas, comprenderlas y expresarlas.
Y hay una diferencia enorme entre sentir algo y permitirnos sentirlo.
Cuando dices “estoy bien”, pero tu cuerpo cuenta otra historia
Las emociones que no expresamos no desaparecen necesariamente.
A veces se manifiestan de otras maneras.
Puede ser ese cansancio que no termina de desaparecer. La sensación de estar siempre en tensión. La dificultad para dormir. El nudo en el estómago. La irritabilidad. Las ganas de llorar sin saber exactamente por qué. La necesidad de aislarte. La sensación de estar desconectado o desconectada de lo que antes disfrutabas.
En consulta, muchas veces escucho:
“Es que no sé qué me pasa”.
Y empezamos poco a poco.
Sin presionar.
Sin buscar una respuesta perfecta.
Porque expresar emociones no significa tener que explicar exactamente qué sentimos desde el primer momento.
A veces empieza simplemente por reconocer:
“Esto me está afectando”.
Y eso ya es mucho.
Cuando trabajo como psicóloga en Viladecans, especialmente en procesos relacionados con la expresión de emociones, intento que la persona pueda aprender a escuchar esas señales sin asustarse ni juzgarse por sentirlas.
No tenemos que resolverlo todo inmediatamente.
Primero podemos parar.
Respirar.
Observar.
Y escuchar.
Sentir no significa exagerar
Una de las ideas que más daño puede hacernos es pensar que nuestras emociones necesitan una justificación objetiva para ser válidas.
“¿Pero por qué estoy triste si no me ha pasado nada grave?”
“¿Por qué me enfado tanto si sé que no debería?”
“¿Por qué estoy ansioso si aparentemente todo está bien?”
Las emociones no funcionan como una ecuación matemática.
No necesitamos demostrar que tenemos motivos suficientes para sentirnos como nos sentimos.
Podemos estar agradecidos y tristes al mismo tiempo.
Podemos querer a alguien y sentirnos enfadados con esa persona.
Podemos tener una vida que valoramos y, aun así, sentirnos agotados.
Podemos saber racionalmente que algo “no es para tanto” y experimentar emocionalmente que sí lo es.
Como psicóloga en Viladecans, cuando trato la expresión de emociones, hay tres conceptos que, en mi experiencia, necesitan encontrarse con más frecuencia: reconocer lo que sentimos, comprender de dónde puede venir y encontrar maneras saludables de expresarlo.
No se trata de eliminar emociones incómodas.
Se trata de aprender a convivir con ellas sin que tengan que gritar para que las escuchemos.
¿Qué ocurre cuando siempre intentamos estar bien?
Vivimos en una cultura que, muchas veces, premia la capacidad de continuar.
Seguir trabajando.
Seguir cuidando.
Seguir estudiando.
Seguir respondiendo mensajes.
Seguir sonriendo.
Seguir.
Y seguir.
Pero hay momentos en los que seguir no es necesariamente avanzar.
A veces necesitamos detenernos.
Cuando una persona lleva mucho tiempo diciéndose “no pasa nada”, puede llegar a desconectarse tanto de lo que siente que le cuesta identificar sus propias necesidades.
Ya no sabe si necesita descansar, poner límites, llorar, hablar, pedir ayuda, alejarse de una situación o simplemente sentirse acompañada.
Por eso, en terapia no intento enseñar a mis pacientes a “controlar” todo aquello que sienten.
Prefiero acompañarles a desarrollar una relación más amable con su mundo emocional.
Porque cuando dejamos de luchar constantemente contra lo que sentimos, aparece algo muy valioso: espacio.
Espacio para comprendernos.
Expresar emociones no siempre significa hablar
A veces pensamos que expresar lo que sentimos consiste únicamente en sentarnos delante de alguien y decir:
“Estoy triste”.
Pero la expresión emocional puede adoptar muchas formas.
Puede ser llorar.
Escribir.
Poner límites.
Decir “necesito ayuda”.
Reconocer que estamos enfadados.
Admitir que algo nos ha dolido.
Pedir un abrazo.
Decir “hoy no puedo”.
Tomarnos un descanso.
Hablar con alguien de confianza.
Incluso guardar silencio de una manera consciente puede ser una forma de escucharnos.
En mi trabajo como psicóloga en Viladecans, la expresión de emociones no consiste en obligar a nadie a hablar antes de estar preparado o preparada. Para mí, consiste en crear un espacio donde cada persona pueda ir encontrando su propia manera de poner palabras —o presencia— a aquello que lleva dentro.
A veces las palabras llegan enseguida.
Otras veces tardan.
Y ambas cosas están bien.
Una pregunta que puede cambiar la conversación contigo
La próxima vez que alguien te pregunte:
“¿Cómo estás?”
Antes de responder automáticamente “bien”, prueba a hacer una pequeña pausa.
Respira.
Y pregúntate:
“¿Cómo estoy realmente?”
No necesitas encontrar una respuesta profunda.
Quizá aparezca un “cansado”.
Quizá un “preocupada”.
Quizá un “no lo sé”.
Quizá un “necesito parar”.
O quizá, después de escucharte, descubras que efectivamente estás bien.
Lo importante es que la respuesta nazca de ti y no del piloto automático.
Como psicóloga en Viladecans, la expresión de emociones es una de las áreas que considero fundamentales en el acompañamiento psicológico, porque aprender a expresar lo que sentimos también es una forma de aprender a cuidarnos.
Y no hace falta esperar a estar desbordados para empezar.
¿Y si esta vez sí pasa algo?
Quizá esa sea la pregunta que necesitamos hacernos de vez en cuando.
No para preocuparnos más.
Sino para escucharnos mejor.
¿Qué ocurre dentro de mí cuando digo “no pasa nada”?
¿Estoy realmente tranquilo o tranquila?
¿O estoy intentando no preocupar a nadie?
¿Estoy restándole importancia a algo que me duele?
¿Estoy evitando una conversación?
¿Tengo miedo de reconocer lo que necesito?
¿Estoy cansado o cansada de sostenerlo todo?
No hace falta responderlas todas hoy.
Puedes empezar por una.
Con calma.
Sin exigencias.
En consulta, como psicóloga en Viladecans, cuando acompaño procesos relacionados con la expresión de emociones, muchas veces el primer paso no es cambiar nada. Es permitirnos reconocer que algo está pasando.
Y desde ahí podemos empezar a comprenderlo.
Pedir ayuda también es una forma de escucharte
Si últimamente sientes que repites demasiado “no pasa nada”, pero en el fondo sabes que algo sí está pasando, quizá sea un buen momento para detenerte.
No necesitas esperar a que el malestar sea insoportable.
No necesitas tener claro qué te ocurre.
No necesitas saber cómo explicarlo.
En PsicoVila, en Viladecans, puedo acompañarte a crear un espacio tranquilo y seguro en el que puedas escucharte, comprender lo que estás sintiendo y encontrar nuevas formas de relacionarte con tus emociones.
Porque quizá no se trata de conseguir que “no pase nada”.
Quizá se trata de poder decir, con serenidad:
“Sí, esto me está pasando. Y puedo aprender a cuidarme mientras lo atravieso.”
Si sientes que ha llegado el momento de dejar de esconder lo que te pasa detrás de un “estoy bien”, te invito a dar el primer paso.
Puedes agendar una cita conmigo en PsicoVila. Estaré encantada de acompañarte.
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Su forma de trabajar: Edith
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Edith Caro García, Psicóloga General Sanitaria nº32155
Hola, soy Edith. Soy psicóloga general sanitaria y trabajo desde un enfoque cognitivo-conductual. Acompaño a niños, adolescentes y adultos que atraviesan ansiedad, problemas interpersonales, dificultades de autocontrol y baja autoestima. Mi objetivo es ofrecer un espacio de escucha y herramientas prácticas para que recuperes tu bienestar y elabores de forma conjunta tu proyecto vital.
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